Conocé de cerca cómo se elabora la leche orgánica, el queso fresco y el yogur natural. Abrimos el establo los sábados por la mañana para mostrar el proceso, responder preguntas y probar muestras recién hechas.
Cada lote sigue un recorrido corto y controlado. Desde el ordeño al amanecer hasta la entrega en tu barrio, todo queda anotado en la libreta de producción: temperaturas, horas de fermentación y pruebas de acidez. Así podemos explicar, con datos concretos, de dónde viene cada botella.
Antes de que salga el sol, las vacas pasan del pastizal al establo. El ordeño se hace a mano, lo que permite revisar la ubre y el estado general de cada animal. La leche cae en baldes de acero y se enfría en menos de una hora.
Calentamos la leche a baja temperatura, sin llegar a hervirla. Así se eliminan los microorganismos no deseados pero se conservan las enzimas y el sabor lácteo. Cada tanda se registra con hora de inicio y temperatura máxima alcanzada.
La leche se envasa en botellas de vidrio que lavamos y esterilizamos en la misma quesería. El vidrio no aporta olores ni sabores, y el cliente devuelve la botella vacía en la siguiente entrega. Es un circuito cerrado que genera menos residuos.
Las entregas se organizan por zonas y días fijos. El reparto se hace en vehículo refrigerado y las botellas viajan en cajas verticales para evitar golpes. Las familias reciben su pedido antes del mediodía, con la leche aún fría.
Antes de salir, probamos acidez y densidad de cada tanda. Los resultados se anotan a mano en la libreta de producción, junto con las observaciones del día. Si algo no cuadra, ese lote no se distribuye.
Los sábados por la mañana abrimos el establo para quienes quieran conocer el proceso. Se recorre el pastizal, se ve el ordeño y se prueban muestras de leche, yogur y queso fresco. Es la mejor forma de entender por qué trabajamos así.
¿Querés ver cómo se elabora el queso o el yogur? Te contamos el detalle en la guía de productos y formatos, o si preferís conocer la historia de la granja, pasate por nuestra página.
No es solo el producto: es la forma de llevarlo a tu mesa. Cada punto de la cadena, desde el pasto hasta el envase, está pensado para que sepas qué estás comprando y por qué vale la pena.
Nuestras vacas pasan el día en campos abiertos, comiendo pasto y leguminosas. Sin hormonas ni antibióticos, el rebaño se mantiene sano de forma natural, y eso se nota en el sabor y en la composición de la leche.
Pasteurizamos a baja temperatura y anotamos cada lote en una libreta de producción: temperatura, acidez, hora de envasado. Es un control artesanal, pero riguroso, que nos permite corregir detalles que una planta grande no ve.
La leche se entrega en botellas de vidrio que recogemos en el siguiente reparto. Menos plástico, mejor conservación del frío y un sistema que ya conocen las familias que nos compran cada semana.
Queso fresco, yogur natural sin azúcar y mantequilla de cultivo se elaboran en tandas cortas, con la leche del día. No hacemos grandes volúmenes: hacemos lotes que podemos cuidar de principio a fin.
Quien quiere saber de dónde viene su comida, puede venir al establo los sábados por la mañana. Ver el ordeño, recorrer el pastizal y probar las muestras del día. Es la mejor garantía que podemos ofrecer.